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24.5.11

MRCLODNSO: Un guitarrazo musical


Marcelo Donoso es una de las  “joyitas” de Projazz, ¿Por qué? A saber; ex alumno, talentoso, mateo, disciplinado, con mucha proyección,  actual docente de la escuela, y muy joven. Por lo tanto es un gran aporte, y como he dicho, es de esos “elementos” que hay que cuidar.


Ex alumno de la carrera de Guitarra eléctrica de Projazz, actualmente se destaca con su proyecto solista MRCLODNSO, banda de Rock Progresivo Instrumental, y en el que  expone sus propias composiciones.  Gigante, banda Rock Pop, es su otro proyecto. En ambos tienen ya un disco editado.

Marcelo toca desde los once años, desde que un profesor del colegio tuvo la iniciativa de armar una banda de rock, en la que tocaban canciones de Los Tres, Andrés Calamaro, y otros similares. Más tarde formó parte de una banda donde tocaban Metallica, Megadeth y Dream Theater, donde comenzó a influirle fuertemente el sonido de esos grupos en la forma en que toca hoy.

Luego, en una próxima etapa más elaborada quizás, comenzó a escuchar guitarristas solistas como Steve Vai, Jason Becker, Marty Friedman y Alejandro Silva,  quienes le dieron el interés por la música de una manera más profunda y formal.

Así continúa el proceso de este músico, quien tiene aún mucho camino por delante y cuya búsqueda aún está en desarrollo. Hoy, se enfoca en ser un guitarrista versátil, pues según sus palabras, es la forma de poder disfrutar cualquier instancia musical, independiente de cuál sea el género.

En cuanto a la pedagogía, su interés de compartir lo que está aprendiendo lo ha llevado a desarrollar esta faceta. También de “mono”, como él dice, pues a los dieciséis años, cuando comenzó a hacer clases, fue porque sus referentes lo hacían.

Y de ser aprendiz, aunque eso no se deje nunca de ser, ha pasado a ser profesor y referente de muchos.  Y en ello la tarea que más le preocupa es que sus alumnos (Diplomado en Rock, Metal y Progresivo) disfruten de tocar la guitarra, ya que es muy fuerte el discurso de los profesores de tomar en  muy serio el estudio de la música. En su opinión, eso es posible sólo con las personas que les nace que así sea, son pocas las personas capaces de dedicarle el tiempo a un instrumento como para dominarlo a un nivel mayor de la media, dice Marcelo.




*Por Paula Carmona



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14.12.10

Luis Cheul lanzó el libro “Armonía Popular Moderna”


"Este libro es el - eslabón perdido - entre la Educación Media y la Universidad para alguien que quiera estudiar música". Luis Cheul

A sólo días de haber lanzado su libro “Armonía Popular Moderna”, el profesor del Instituto Profesional Projazz, Luis Cheul, nos contó sobre los detalles de este importante paso en su carrera profesional. 
 
¿Cómo y cuándo surgió el deseo de escribir este libro?

Este libro comenzó como apuntes preparados para realizar el ramo de Armonía 1 y 2 hace unos 4 años. Luego fui juntando mucho material, pruebas, ejercicios, etc… hasta que recién el año pasado me propuse realizar un libro de armonía al cual pudieran acceder estudiantes de distintos niveles, es decir, creo que lo mas importante de este libro es que está pensado para nuestra realidad musical chilena en el ámbito de la música popular.


¿Cuánto tiempo tomó desarrollar las ideas, la gestación de este libro?

Hace 4 años nació la idea, pero en realidad tomó forma el año pasado. Trabajamos mucho en la revisión de este material junto a músicos populares y clásicos, así como también junto a expertos en redacción y lenguaje. Ahí me di cuenta que no era llegar y escribir un libro. Solo habría sido imposible.

¿Cuáles fueron las fuentes de mayor influencia para escribirlo?

El hecho de ver que no podía recomendar cualquier texto a algún alumno que tuviese dudas “básicas” ya que no existía en el mercado un material de estudio que llenara ese vacío. Yo diría que es “el eslabón perdido” entre la Educación Media y la Universidad para alguien que quiera estudiar música.

¿A qué público está dirigido?

Básicamente a estudiantes de música popular, pero en general a cualquier persona aficionada a la música que quiera “ordenar” sus conocimientos teóricos.

¿De qué manera está enfocada la metodología en la escritura de tu libro? (el enfoque de la armonía)

Muy precisa, ordenada y objetiva. Está lleno de tablas, reglas y fórmulas, en general de situaciones y problemas que no se pueden interpretar de una u otra manera. Es o no es, así de simple. 
 
¿Qué ha significado para ti la finalización de tu obra?

Ufffff, un gran logro. Es primera vez que me embarco en un proyecto de esta envergadura y realmente se siente una extraña sensación, como de haber cumplido con algo pendiente. Por fin mi “ruta” de enseñanza quedó plasmada en un libro. Se sufre mucho cuando al final, sobre todo cuando está en la puerta del horno. Me recordó al stress vivido cuando tenía que entregar mi tesis. Cuando lo terminé dije “este es el primero y el último”. Ya partí escribiendo el segundo volumen….


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13.4.10

Moncho Romero. “Todo mi enfoque es emocional”

*Por Paula Carmona (Estudiante Projazz)

Algunas personas nacen con un regalo en las manos, y no tienen la opción de elegir lo que harán en la vida, pues la vida ya ha elegido por ellos.

Hay quienes bailan antes de aprender a caminar, hay quienes nacen observando las estrellas, hay quienes entienden el mundo desde la física o hay quienes prefieren dibujar o escribir el mundo.  Pero también hay una persona que a los tres años ya era músico y a los cinco  tocaba en un teatro lleno ¿Qué otra cosa pudo haber sido sino músico? “Nada –dice él mismo- Imposible, no tuve la opción”. En ellos no hay otra opción porque no existe la contradicción entre lo que son y la vida, ahí está el regalo.

En realidad la opción es sólo razonamiento.


“uno por uno es uno,

Ni más, ni menos:

El error comienza con la dualidad;

La unidad no conoce el error.”

OSHO

“El maestro del año”

Yo no tenía idea, mientras entrevistaba a mi profesor, que había sido nombrado maestro del año, “todo sucede por algo” (habrán oído)… pero todo lo que sucede trae consigo una cadena de sincronías por detrás; el pasado el presente y el futuro no son más que una constelación. Quiero decir, Se puede nacer con el talento, pero  hay algo con lo cual no se nace, y esto es con el título de Maestro (distinción que ellos mismos no aceptan). Puedes serlo desde muy joven, pero  no te puedes saltar el proceso de la experiencia… es como la metamorfosis, el satori o la crisálida: para ser mariposa tienes que haber sido larva.

Él mismo reconoce los cambios que le han sucedido con los años:

“Cuando yo era lolo era intratable, no sé porque pero me cerraba, por timidez tal vez, por inseguridad… En el ramo que yo hago, el Ensamble, la cara con la que entras va a ser calificada (jajaja). Eso es lo más  importante, es ahí  es donde te vas a encontrar con otros músicos, aprender a cómo ser un músico querido, que todos quieran tocar contigo… es complicado, hay muchos músicos buenos con los que yo no toco nunca, porque son pesados”.

“La juventud es una enfermedad que se cura con los años”, decía George Bernard Shaw. Y aunque estemos de acuerdo con él o no,  lo cierto es que  sólo cuando las cosas nos suceden en carne propia nos damos cuenta del error y es cuando podemos hablar de ello. Quizá es por esto que luego Pierre Benoit diría “De mis disparates de juventud lo que más pena me da no es haberlas cometido, sino el no poder volver a cometerlas.”

Sin embargo, si hay algo que no sólo se mantiene intacto en Moncho, sino que sigue en proceso de maduración es que la música, para él es una expresión emocional por sobre lo racional (aunque lo segundo, por cierto, lo hace muy bien). De aquí que a mí pregunta ¿Qué importancia le da usted al trabajo del cuerpo y las emociones en su vida?, me dijera:

“Absoluto, 120%.  Para mí, la música es emociones. Todo  mi enfoque es emocional,  por eso siempre tengo una entrevista con mis alumnos, necesito verlos.  Tengo que sentirlos.

Los alumnos nuevos generalmente están aún cerrados en si mismos… Yo he acompañado a Claudia Acuña y tú te das cuenta cuando ves a músicos “grandes” cómo se abren, la Claudia es impresionante,  ella se encuentra con todo el publico”.

Entonces aquí podríamos destruir la teoría de Albert Einstein, quien dijo  en un arrebato occidentalista: “Cuando uno es joven los pensamientos se vuelven amor, con la edad el amor se vuelve pensamientos.”


La mayoría debe saber que Moncho Romero estudió a los clásicos en el Conservatorio de la Universidad de Concepción, pues sí, y estudió piano con una rigurosa profesora que usaba bastón, al mismo tiempo que estudiaba contrabajo. Pero su profesora terminó tirándole el bastón en la cabeza cuando vio que su alumno preferido era un caso perdido que se dirigía irremediablemente a ser un músico de jazz (quizás exagero con lo del bastón en la cabeza). Porque nuestro protagonista, en realidad, no estaba “ni ahí” con las sonatas y estudiaba piano clásico como una estrategia para aprender a “mover bien los dedos”.

Que le vamos a hacer “El que nace chicharra, muere cantando”. Siempre tocó jazz, incluso antes de saber cualquier cosa, y paralelamente, mientras estudiaba en el conservatorio tocaba con su trío en los clubes:

“Yo era muy disciplinado porque tocaba, tocaba día y noche. Empecé a estudiar después, mucho después de tocar. Y ahí me di cuenta: “ah, esta es la escala que yo hago”, porque antes no había ninguna información, no habían libros, no había nada. Y desde que empecé a estudiar siempre hice clases, y eso me ayudó, porque te tienes que ordenar, te das cuenta que hay una secuencia de cosas, “yo quiero que la persona entienda esto, haber ¿Cómo le explico esto?”, te tienes que ordenar, y eso te ayuda a ti también.”

A propósito de disciplina, para Moncho tocar en la Orquesta Sinfónica de Concepción era un trabajo, lo contrataron antes de que terminara de estudiar y se casó ese mismo año. Como a los diez años de tocar en la orquesta se empezó a aburrir. Aquí hago un comentario en el que el profe me tira la oreja: “¿Era un mundo muy solitario, además, o no? -digo yo-, Porque se encierran a estudiar todo el día”

“Espérate –me suena a reproche-, si quieres ser un buen músico de jazz sería ideal que primero seas un músico clásico. Los músicos de jazz buenos que hay en Santiago hoy día: Sebastián Jordan (trompeta), Cuturrufo (trompeta), Christian Gálvez (contrabajo), que se yo, Daneman (guitarra), todos han estudiado mucho, han estudiado toda la vida, pero eso no lo ven en el otro lado, los miran en menos”.

“El otro lado”, como película de terror… Es la eterna disputa entre lo docto y lo popular, concepto que huele a añejo, pues hoy en día lo popular no calza con la antigua idea de que es música “más fácil”… los tiempos cambian.

“Es un viejo tema, pero ha cambiado un poco la perspectiva –dice Moncho-,  porque antes lo docto estaba integrado por músicos de estudio, y lo popular por músicos que tenían muy poco estudio, pero hoy los músicos populares tienen harto estudio.  Ahora hay muchos populares doctos ¿o no?  Igual la división entre los que estudian música clásica y los que estudian música popular es enorme, tremenda. Yo soy académico, y me pasé para el otro lado, básicamente  porque me vine a Santiago y renuncié a la orquesta. Yo estuve desde el 74, imagínate, era chico, del 74 al 90 en la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción. Trabajando en la música clásica todos los días, pero tenía el trío, ahí tocábamos jazz”

-¿Entonces tú nunca generaste esta división?

No, yo era todo lo contrario, yo era de los que incitaba a los músicos de la orquesta a que tocaran jazz. Hasta con el fagot de la orquesta escribía un solo, pero es mentira, un solo de  jazz no se puede escribir.

-Pero a ellos les cuesta salirse de la partitura para improvisar- comento-.

Ese es un problema muy serio, ellos creen que son sabios, y sin duda lo son, pero son ignorantes cuando se aventuran a expresarse en el campo de la música de jazz. Un músico popular, de jazz, es un experto en armonía, tiene mucha más noción de todo lo que está pasando que un tipo que está leyendo una partitura en una sinfonía… él está viendo las notas ¡yo viví eso! Hay tipos a los que no les interesa lo que está pasando con la obra en si, qué acorde está sonando… él toca su parte y se va para la casa, ese es el 99%, hay un 1% que sí se interesa. Entonces cuando a cualquiera de esos músicos tú le hablas de improvisar, creen que es una cosa así como “¡ahh, echémosle pa´ delante, pasémoslo bien!”, y es todo lo contrario, tú puedes tener libertad si conoces la estructura, si conoces las escalas, si conoces todas las posibilidades que hay. Me acuerdo que había una suite de” West Side Story”, o de  “Porgy and Bess”, y mis compañeros de la orquesta decían “ah! Vamos a tocar  jazz”, pero no, íbamos  a tocar una suite ¡que está toda escrita! Y para ellos eso era tocar jazz. Entonces ahí tenemos que volver a la definición, a la esencia de lo que es la música de jazz: Es un juego entre los músicos, entonces podemos jugar con cualquier canción, cumpleaños feliz, a cualquier canción le vamos a robar la estructura, eso es todo, pero un músico que no está acostumbrado, no puede hacerlo de buenas a primeras, tiene que prepararse para eso.

Lo que ellos valoran son otras cosas, tienen todo escrito: los matices. Está todo escrito entonces le dan importancia al fraseo, al sonido.

¿Cómo eran sus sueños cuando más joven?

Nunca tuve un sueño de “Quiero llegar allá”, o “viajar para allá”, yo quería tocar no más, la música me dio las posibilidades de viajar a hartos países. He tocado, he grabado, pero nunca he buscado el camino, ¿cachai?, hasta el día de hoy no estoy ni ahí, me interesa la música no más.

A Moncho Romero lo que le importa es hacer de sus alumnos músicos en todo el sentido de la palabra: que toquemos el piano, que entendamos, que seamos conscientes de lo que suena, es una formación integral. Claro, un largo recorrido, hoy día no más le pregunté en clases: “¿Cuánto tiempo tardo en que le gustara su sonido?”, “40 años- respondió-.”

Tratamos de razonar nuestro camino hacia él:

No funcionó;

Pero en el momento en que nos rendimos,

Ningún obstáculo quedó.

Osho
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30.11.09

Andy Baeza. “Ser bidireccional”

*Entevista, por Paula Carmona



Para hacer una lectura del jazz y otros estilos se debiera partir de la propia experiencia individual, para que no suene a mal calco de una imagen lejana y superpuesta. Entonces, más bien quisiera hacer un recorrido por la historia de un profesor de Projazz, para entender la motivación de hacer jazz. Porque no se puede olvidar de dónde venimos para saber lo que estamos haciendo. Y no siempre es fácil conectar con ese punto de partida, en el que encontramos, alguna vez, el lugar más cómodo para la expresión. En teatro hay una frase que se refiere a que quien encuentra su lugar en el espacio y la postura adecuada de su cuerpo, la voz y la emoción aparecerán correctamente. Creo que este principio corre para cualquier forma de expresión artística, y más cotidianamente en todo ámbito de la comunicación.

En algunos casos, el germen creativo partió en casa, en la edad de la infancia, cuando todos fuimos absorbidos por el juego. Al menos este es el caso de Andy Baeza. quién me compartió, más o menos, como ha experimentado la música.

¿Puedes hacer una pequeña biografía musical?
Partí en la casa, con mis primos y mi hermano que eran fanáticos de la música. Yo tenía 6 o 7 años y me metía en la pieza a escuchar música con ellos, Frank Zappa, Jimy Hendrix, harta psicodelia. También veían hartas películas. Aparte de eso había en el barrio una orquesta conocida y en el living de la casa tenían una batería, yo siempre que pasaba la miraba. En el colegio también tuve la suerte de tener un profesor súper pila que me permitió hacer percusión en el tiempo en que el colegio se hacía flauta o guitarra… él me permitió llevar baquetas.
En la media ya sabía que quería seguir con la batería… antes, en la básica quería ser dibujante de Hanna Barbera.
Desde chico tuve la capacidad de conectar con cosas creativas en mi cabeza y eso responde a un montón de cosas posteriores, ya más grande con la misma música.
En el colegio empecé a tomar clases particulares con distinta gente, ahí vino toda una etapa, entre tercero y cuarto medio empezaron a venir hartos músicos conocidos de jazz a los que había que ir; Pat Metheny, Chick Corea, Stanley Clarke, Jean-Luc Ponty.
Saliendo del colegio entré a estudiar a la Universidad Católica Percusión clásica. Desde antes ya venia entrenado en la batería, pero en ese tiempo no existían escuelas de música popular.

¿Sobre tus referentes?
Al principio quien gatilló hartas cosas fue Frank Zappa, que en ese tiempo tenía una cantidad de discos considerables, y entre esos discos escuché con mis primos una pieza para un cuarteto de percusión que se llama “The black page”, y ese disco tenia una cantidad de información rítmica que siempre fue como un misterio para mí, y empecé a investigar acerca de la gente que tocaba ahí. Me empecé a encontrar con que esa gente se topaba con alguna gente del jazz, con algunas otras de música contemporánea. Todas esas cosas me fueron atrayendo y conectaba perfectamente con lo que yo quería hacer, que era estudiar percusión, pero tocar batería.
Eso por un lado que tiene harto que ver con las sonoridades, era un rock, al que no le llamaría ni progresivo ni experimental, sino más bien bidireccional. Esa fue una gran influencia desde chico hasta ya grandote.
Entre mis géneros siempre estuvo el rock. Era absolutamente inevitable en esa época no hacerse parte del rock pesado, pero también tenía que ver con que la única oportunidad de tocar batería era unirme a grupos donde se tocara rock pesado, el jazz en esa época era una cuestión súper lejana.
Mi influencia fue toda esta veta del rock bidireccional, como digo yo, no me gusta llamarla progresiva, para mi es música creativa. No me gusta ponerle apellido, si era jazz, rock, no me importa lo que me atraen son las sonoridades. Después de pasar esa primera etapa literal, pasó a ser interesante la parte timbrística, la parte rítmica, siempre me llamó la fuerza de los ritmos, y las posibilidades de timbres, escuchaba como sonaba la batería con un bombo, con cuatro bombos, con diez toms con dos platillos, con veinte platillos, la batería tiene muchos formatos, muchas posibilidades que pertenecen a tu propia personalidad.

¿Quiénes fueron tus influencias en la batería?
Probablemente los dos bateristas que más me influenciaron cuando chico fue Willie Valenzuela de Fulano y Tilo González, Alejandro Espinosa también me gustaba harto.

Y ¿Cuándo empezaste a tocar jazz?
En el colegio tuve mis primeros coqueteos con el jazz. Empecé a practicarlo de frentón ya grande. Cuando mis amigos rockeros ya no me pescaban porque me estaba gustando el jazz, me molestaban, me decían cosas como “el jazz es el único estilo donde tú te equivocas y te aplauden”.

Desde ahora mirando hacia atrás ¿cómo se vivía el jazz en el tiempo en que estudiabas?
Se vivía pero por todas las características de la época (toques de queda y todo eso) se vivía a un nivel mucho más pequeño que la apertura que hay ahora. Pero también me acuerdo que en la época del colegio ir constantemente al Goethe, al Chileno Norteamericano.Lo que no había en ese tiempo era algo más masivo.

¿Era más intelectual?
Yo creo que sí. La gente lo llevó para el lado intelectual. Yo creo que en el jazz o en cualquier rama lo intelectual va por dentro. He conocido gente que aparentemente no es intelectual y que finalmente son más intelectuales que cualquier otro que se ponga barba larga, o lentes onderos… De mala forma se intelectualizó un poco. Yo en lo personal no he pescado mucho. Se forman grupos de personas inevitablemente, pero eso ha pasado toda la vida en todas partes, y va a seguir pasando, son tendencias, se tienen que formar igual, pero ya no lo veo como algo intelectual, al principio había ganas de ser intelectual, era algo cool tocar jazz, es horrible esa postura. Es cuento de uno hacer música para expresar lo que quieres expresar, el musicólogo es la persona adecuada para intelectualizar, no los músicos. Como vas a ser tú, si piensas tanto las cosas.

¿Hasta qué punto eres fiel a tus ideales en tu oficio de ser músico?
Siempre 110%. Mis ideales son hacer buena música, bajo los criterios que yo me he planteado hasta ahora: honestidad, innovación. Hacer cosas que realmente siento que tengo que hacer, sin cuestionamiento económico, intelectual o ideológico, lo ligo a esas tres cosas pero cuando finalmente decido lo que me gusta, y quiero expresar a través de ese canal, que no tengo idea probablemente de cómo se hace, pero lo quiero hacer. Otros ideales serían mejorar el nivel de nuestro país, y el nivel que tengo. Está relacionado directamente con la enseñanza, no solo a nivel técnico, sino conceptual se podría decir; Más allá de tocar notas, o sea de actitud, de profesionalismo. El término de elevar el nivel es algo que se tiene que hablar a puertas abiertas, y hay que ser asertivo en lo que entregas, y yo soy súper quisquilloso con eso, con mis alumnos yo trato de ir más allá de los ejercicios de la pagina treinta, les hablo de las experiencias, es como un guía o un hermano mayor. Ese es un ideal, es algo que tengo súper presente. Poder dejar bien parado el nombre del músico, Probablemente porque uno siempre se encuentra con que te preguntan ¿Qué profesión tienes? Músico ¿ah, pero que a que te dedicas? Eso es típico, y yo no quiero escuchar más eso. Por eso a veces se discuten un montón de temas como los lugares donde tocar, las leyes que hay, que se rigen para los artistas. Hay que poner atención con eso, y a veces nos pasa la cuenta.

¿Qué podrías decir acerca del público de jazz?
En mi experiencia, tengo la suerte que he visto buena recepción. Lo que digo, que esta multidireccionalidad me ha llevado a hacer cosas muy distintas, cosas extremas: música improvisada con el Ramiro Molina, sin tener ningún precedente de forma, melodía, armonía ni ritmo, hasta tocar cosas dentro del jazz, que está mucho más cercana a la gente como lo que hacemos con el Ángel Parra trío, o con Valentín Trujillo, que va pintando en lo bailable, y para la gente. Entonces el abanico de subgéneros dentro del género del jazz que yo me he propuesto abarcar ha sido súper enriquecedor, y los públicos que he visto en cada uno de esos subgéneros nos han dado buena recepción, porque ha sido el público indicado. En el fondo cuando hay mala recepción del público es porque no ha sido el público indicado. Y no estoy diciendo que sea tonto, o cerrado, sino que no ha tenido, o no se ha dejado tener la experiencia de conectar con esa música. Creo que a una persona que no le gusta en lo más mínimo el jazz, la tomas le pagas un pasaje, la llevas a un ambiente indicado, al lugar indicado, con el grupo indicado, esa persona va a conectar con esa música porque va dejar abrir ciertos canales. A mí me pasó con la música afrocubana, no sé si me atraía mucho. Hasta que vi algo y dije “oh oh!”. También David Ortega, un baterista y percusionista cubano me ayudó a cautivarme más.
Eso con los públicos, yo creo que el público es un poquito flojo, si no le gustan algunas cosas del jazz porque escuchan la retaguardia, y creen que eso es jazz, o al revés, escuchan grupos muy modernos y piensan que eso es jazz, y clasifican todos los géneros que hay dentro del jazz como uno solo, y eso es un error. Hay muchos estilos. Entonces para mí, el público que va a escuchar jazz es público que se ha dado más el tiempo para conocer el estilo, o los estilos

¿Qué quisieras entregar tú con la música?
Felicidad, que la gente lo pase bien. Si un niño me ve tocar batería, ojalá le den ganas de tocar batería, no me interesa mucho más. Bajo las estéticas que sean no me interesa mucho más.

No eres prejuicioso con los estilos, me he dado cuenta.
No me creo el jazzista cool, no estoy ni ahí con eso. Me gusta mucha música.

…Sin embargo el jazz es tu primer hogar…
Sí, porque musicalmente, es lo que única y exclusivamente a mi me interesa, va por ahí lo que a mí más me cautiva. Porque veo el nivel técnico, el nivel interpretativo, porque me gusta y eso hace que vuelva y compre el disco, viaje 20.000 kilómetros a ver tal artista… es la pasión por esos sonidos. Pero hay otras cosas dentro de otros estilos, que me hacen sentir lo mismo: el R&B, el funk, el buen rock, la música Indie, Radiohead. Los fui a ver, y el concepto Radiohead lo disfruté igual que los conciertos de jazz en New York. Hoy ya no tengo esa barrera. Y por suerte lo pude definir como músico para poder prestar servicio para quien me llame, si alguien quiere que toque pop, toco pop.
Tiene que ver con sacarse de encima el rol, no jugar a ser el ídolo, sino actuar como “por la chucha” uno es. Que no tiene nada que ver con como es uno como músico.



Yo también tengo mi vida y mi mundo, por eso no me aproblema tocar con uno o con otro. No me preocupa si alguien es virtuoso o no, alguien me puede impresionar con la técnica, y he tenido la suerte de ver a personas impresionantes afuera, por lo tanto si alguien busca eso acá, considero que es un proceso que se está viviendo hasta que llegue un momento, más adelante, donde eso ya va a ser normal, se va a estandarizar y se van a buscar otras cosas, y ahí va a ser cuando se haga un aporte con respecto al nivel musical en Chile. Hay muy buenos músicos acá, entonces se da esta cosa de los grupitos, y los top ten y todo eso. Pero lo encuentro un poco avasallador, un poco agresivo, porque en el fondo cada músico si es capo o no es capo, es un tema secundario al lado de si lo que te está expresando te llega. Cuando una persona conecta, eso es lo que tiene que ser y ya. A mi me encanta el tecnicismo, soy súper rayado con ser pulcro con la técnica, pero eso es como mantenerte en forma nada más.
Me pasa con el Javier Barría. Con todo lo que me gusta el jazz, si me preguntas que artista chileno yo admiro como músico, es Javier Barría, que es un cantautor chileno que no lo conoce nadie, y que debiera ser tanto o más conocido que Spinetta. Yo tengo la suerte de acompañarlo a él, y digo la suerte porque realmente cuando toco sus temas es realmente un placer, y el no tiene ni la mitad de la técnica que tiene el 80% de los guitarristas de jazz. Yo todavía no siento con un solo de algún guitarrista o saxofonista lo que Javier me transmite con lo que canta. Ahora hay personas que me impresionan, tiene que ver con lo que uno anda buscando, si quieres dejarte impresionar o emocionar. Cuando un artista logra hacer las dos cosas, estás a las puertas de ponerte a llorar. Por que es algo que no ocurre siempre.
Hoy por hoy lo único que me preocupa es que directa o indirectamente cuando uno toca debiera reflejar su tiempo, no me preocupa el hecho de sonar moderno o no, porque me he dado cuenta de que cuando uno más quiere sonar moderno, menos moderno suenas. Es como una ley, eso de que mientras más te quieres acercar a algo, más te alejas.

¿Hay algo característico en el jazz chileno, alguna sonoridad propia?
Lo hubo en los años 60, pero se disgregó. Hasta el día de hoy, depende con quien tú hables, depende de lo que analices, vas a definir lo que es el jazz chileno. Yo lo he hablado con gente súper interesante, como Ángel Parra o Valentín Trujillo, y la percepción que tienen es súper distinta pero siempre vas a llegar a lo mismo, independiente de que el género sea de acá o no, el hecho de que yo más rato tenga que ir a tocar jazz, eso va a ser jazz chileno, jamás va a sonar a jazz norteamericano, tendría que hacer un cambio de piel. Desde el aire, la comida, la gente, está en el ADN.
En ese sentido creo que es más importante definir en términos claros, territorialmente, cualquier cosa que se haga en este país, es chileno.
Creo que el jazz chileno es más inocente. Me gustaría que hubiese más diversión, que los que tocamos esta música quisiéramos transmitir eso, pasarlo bien, no ser tan tonto grave, no tan afectado. A veces lo veo agresivo, eso se transmite. He visto cosas súper alegres afuera, que no me parecen agresivas y son mucho más potentes energéticamente.

¿Como te definirías en el trabajo?
Entregado, obsesivo, apasionado. Creo que la palabra apasionado define todo. Me la vivo de día y de noche, despierto y dormido

Respuestas sin pensar:

Un Deseo: Felicidad

Una canción: Woman, de Jhon Lennon

Si pudieras elegir otro instrumento: Piano

Lo mejor de enseñar: Compartir

Que no debe ocurrir en el escenario: No permitirse, reprimirse

Un recuerdo musical sublime: Uno muy especial cuando el Perseguidor era el teatro de arte “Cámara Negra”, hicieron un trabajo con la música de Víctor Jara, con Pedro Rodríguez. Ahí recuerdo haber tenido un momento mágico

Asocia el jazz a un sabor: Chocolate, me encanta pero no me lo puedo comer todo

A un color: Rojo Leer más...

17.9.09

Festival de Jazz en Antofagasta

Profesor Jorge Vidal en el norte grande

Antofagasta está bendecida por el mar, su gente disfruta hasta la madrugada las olas tibias en “las almejas”, la playa más popular, y donde hasta los perros nadan a la balsa. La ciudad es desordenada, está envuelta de un aire salado, el centro, como todos los centros de las ciudades, es colonial. La plaza además de palomas está reinada de jotes, -pájaro de 70cm. de animalidad, carroñeros y de belleza no tradicional-. Recuerdo el Antofa de 1993 cuando iba a jugar a la “plaza del mono pilucho”, al que vestían los compadecidos con un calzoncillo en la cabeza. El habitual viaje Calama-Antofagasta entre los cuales hay tres horas de sólo desierto, y dos pueblos de dos cuadras cada uno: Cierra Gorda y Baquedano, como puestos por “el de arriba” entre tanta soledad. Y más hacia atrás, el Antofa de 1988, cuando mi madre me llevaba a almorzar cochayuyo a la Universidad Católica del Norte, ahí donde estudiaba también Jorge Vidal, -nortino de nacimiento-, cuando iba para Arquitecto por esos mismos años. Qué curiosas son las historias, ahora él es profesor de Guitarra eléctrica y de taller instrumental en el IP Projazz. En el año 1995 hizo clases por primera vez en esta institución, pero en ese entonces aún no era un Instituto profesional, así que podemos decir, con melancolía, que le ha cambiado los pañales a la escuela, también podemos decir, con orgullo, que la ha visto crecer y sigue siendo profesor con la camiseta bien puesta (en realidad, es él quien lo dice).



El viernes 11 de septiembre recién pasado, Jorge viajó a su Antofagasta para realizar una tarea bien particular; participar en el festival de Jazz que organizó la escuela de música popular del Teatro Municipal de la ciudad. De paso, y ya que además de músico Jorge comparte otra vocación, la de sanador, también fue con el objetivo de capacitar y hacer una serie de vivencias de sicología transpersonal a los profesores de allá. Considerando que la escuela de música en el área popular se está recién iniciando, Projazz actúa como un padrino en el crecimiento de esta institución, “Las edades de las instituciones no son como la de las personas, tiene que pasar mucho tiempo para que maduren”, dice Jorge. La labor de llevar Projazz fuera de Santiago, a lugares donde los circuitos musicales son pequeños pero potentes, es una labor que significa crecimiento y unidad a nivel de país, Jorge plantea generar un circuito de jazz sureño, nortino, y porqué no pasar la frontera al norte de Argentina. Estar vigentes como escuela no solo es saber lo que pasa en Santiago, sino ser colaboradores del fenómeno musical en donde menos están las oportunidades.

“Hay un universo de personas al cual llegar, las condiciones del mercado han cambiado, no nos podemos quedar de brazos cruzados.”, recalca Jorge, y además habla de la importancia de la educación Web, como canal educativo a distancia; llevar la escuela a lugares recónditos es uno de los mayores beneficios del viciado Internet.

Jorge Vidal me habló de su idea, muy bella, de lo que es ser institución, que converge con lo que es su propio ideal de vida, y con su otra visión más holoarquica:

La Institución es un organismo, y como todo organismo tiene una estructura interna que se compone de sujetos, órganos, células, átomos, etc. “En todo orden de cosas hay que ser leal; a un proyecto, a las ideas, a los amigos... Para que el organismo funcione y avance no nos podemos quedar pegados en el mismo lugar, hay que avanzar según el nivel de experticia que uno va adquiriendo, no hacer taco a las generaciones futuras, pues quedarse en el mismo puesto eternamente es una anomalía”, como si un niño no se desarrollara porque rechaza el crecimiento. “Hay que observar hacia donde va de forma orgánica la empresa. Las personas crecen, la empresa crece.” Dice él.

En el año 1984 se entregó a Antofagasta el flamante Teatro Municipal, la institución cultural más importante de la región, tiene la capacidad de 760 butacas distribuidas en planta alta y baja., cuenta con oficinas administrativas, camarines, baños, salas de ensayo, bodegas, salas de clase, y en total cinco pisos al servicio de la cultura.

Por otro lado, la escuela de música se inició en 1986, por iniciativa del profesor Rafael Ramos Vivar, cuando las clases se impartían en salas improvisadas para su normal desarrollo. Luego con el aporte privado y Municipal, permitieron la habilitación total del cuarto piso del teatro para el perfecto funcionamiento de las clases.

Hoy la escuela imparte clases regulares de instrumentos clásicos y populares, junto a un importante soporte teórico. La violoncellista Yasna González adaptó e incorporó las clases de instrumento y canto populares. Hoy la escuela cuenta con un promedio de cien alumnos. Y entre sus profesores hay un ex alumno Projazz, Jaime Cabrera Mavrakis, profesor de bajo eléctrico. Esta escuela seguirá creciendo, y Projazz tiene intenciones de ser un colaborador, por ello se proyectan convenios de estudios, intercambio de profesores y alumnos, similar al convenio de estudios con la Uarts de Filadelfia e infinitas posibilidades de generar intercambio de experiencias, como la que aconteció recientemente en el festival de jazz organizado por ellos, y donde fue a meter guitarra nuestro profesor.

*Por Paula Carmona Leer más...