Luego, en una próxima etapa más elaborada quizás, comenzó a escuchar guitarristas solistas como Steve Vai, Jason Becker, Marty Friedman y Alejandro Silva, quienes le dieron el interés por la música de una manera más profunda y formal.24.5.11
MRCLODNSO: Un guitarrazo musical
Luego, en una próxima etapa más elaborada quizás, comenzó a escuchar guitarristas solistas como Steve Vai, Jason Becker, Marty Friedman y Alejandro Silva, quienes le dieron el interés por la música de una manera más profunda y formal.14.12.10
Luis Cheul lanzó el libro “Armonía Popular Moderna”
13.4.10
Moncho Romero. “Todo mi enfoque es emocional”
Algunas personas nacen con un regalo en las manos, y no tienen la opción de elegir lo que harán en la vida, pues la vida ya ha elegido por ellos.
Hay quienes bailan antes de aprender a caminar, hay quienes nacen observando las estrellas, hay quienes entienden el mundo desde la física o hay quienes prefieren dibujar o escribir el mundo. Pero también hay una persona que a los tres años ya era músico y a los cinco tocaba en un teatro lleno ¿Qué otra cosa pudo haber sido sino músico? “Nada –dice él mismo- Imposible, no tuve la opción”. En ellos no hay otra opción porque no existe la contradicción entre lo que son y la vida, ahí está el regalo.
En realidad la opción es sólo razonamiento.
“uno por uno es uno,
Ni más, ni menos:
El error comienza con la dualidad;
La unidad no conoce el error.”
OSHO
“El maestro del año”
Yo no tenía idea, mientras entrevistaba a mi profesor, que había sido nombrado maestro del año, “todo sucede por algo” (habrán oído)… pero todo lo que sucede trae consigo una cadena de sincronías por detrás; el pasado el presente y el futuro no son más que una constelación. Quiero decir, Se puede nacer con el talento, pero hay algo con lo cual no se nace, y esto es con el título de Maestro (distinción que ellos mismos no aceptan). Puedes serlo desde muy joven, pero no te puedes saltar el proceso de la experiencia… es como la metamorfosis, el satori o la crisálida: para ser mariposa tienes que haber sido larva.
Él mismo reconoce los cambios que le han sucedido con los años:
“Cuando yo era lolo era intratable, no sé porque pero me cerraba, por timidez tal vez, por inseguridad… En el ramo que yo hago, el Ensamble, la cara con la que entras va a ser calificada (jajaja). Eso es lo más importante, es ahí es donde te vas a encontrar con otros músicos, aprender a cómo ser un músico querido, que todos quieran tocar contigo… es complicado, hay muchos músicos buenos con los que yo no toco nunca, porque son pesados”.
“La juventud es una enfermedad que se cura con los años”, decía George Bernard Shaw. Y aunque estemos de acuerdo con él o no, lo cierto es que sólo cuando las cosas nos suceden en carne propia nos damos cuenta del error y es cuando podemos hablar de ello. Quizá es por esto que luego Pierre Benoit diría “De mis disparates de juventud lo que más pena me da no es haberlas cometido, sino el no poder volver a cometerlas.”
Sin embargo, si hay algo que no sólo se mantiene intacto en Moncho, sino que sigue en proceso de maduración es que la música, para él es una expresión emocional por sobre lo racional (aunque lo segundo, por cierto, lo hace muy bien). De aquí que a mí pregunta ¿Qué importancia le da usted al trabajo del cuerpo y las emociones en su vida?, me dijera:
“Absoluto, 120%. Para mí, la música es emociones. Todo mi enfoque es emocional, por eso siempre tengo una entrevista con mis alumnos, necesito verlos. Tengo que sentirlos.
Los alumnos nuevos generalmente están aún cerrados en si mismos… Yo he acompañado a Claudia Acuña y tú te das cuenta cuando ves a músicos “grandes” cómo se abren, la Claudia es impresionante, ella se encuentra con todo el publico”.
Entonces aquí podríamos destruir la teoría de Albert Einstein, quien dijo en un arrebato occidentalista: “Cuando uno es joven los pensamientos se vuelven amor, con la edad el amor se vuelve pensamientos.”
La mayoría debe saber que Moncho Romero estudió a los clásicos en el Conservatorio de la Universidad de Concepción, pues sí, y estudió piano con una rigurosa profesora que usaba bastón, al mismo tiempo que estudiaba contrabajo. Pero su profesora terminó tirándole el bastón en la cabeza cuando vio que su alumno preferido era un caso perdido que se dirigía irremediablemente a ser un músico de jazz (quizás exagero con lo del bastón en la cabeza). Porque nuestro protagonista, en realidad, no estaba “ni ahí” con las sonatas y estudiaba piano clásico como una estrategia para aprender a “mover bien los dedos”.
Que le vamos a hacer “El que nace chicharra, muere cantando”. Siempre tocó jazz, incluso antes de saber cualquier cosa, y paralelamente, mientras estudiaba en el conservatorio tocaba con su trío en los clubes:
“Yo era muy disciplinado porque tocaba, tocaba día y noche. Empecé a estudiar después, mucho después de tocar. Y ahí me di cuenta: “ah, esta es la escala que yo hago”, porque antes no había ninguna información, no habían libros, no había nada. Y desde que empecé a estudiar siempre hice clases, y eso me ayudó, porque te tienes que ordenar, te das cuenta que hay una secuencia de cosas, “yo quiero que la persona entienda esto, haber ¿Cómo le explico esto?”, te tienes que ordenar, y eso te ayuda a ti también.”
A propósito de disciplina, para Moncho tocar en la Orquesta Sinfónica de Concepción era un trabajo, lo contrataron antes de que terminara de estudiar y se casó ese mismo año. Como a los diez años de tocar en la orquesta se empezó a aburrir. Aquí hago un comentario en el que el profe me tira la oreja: “¿Era un mundo muy solitario, además, o no? -digo yo-, Porque se encierran a estudiar todo el día”
“Espérate –me suena a reproche-, si quieres ser un buen músico de jazz sería ideal que primero seas un músico clásico. Los músicos de jazz buenos que hay en Santiago hoy día: Sebastián Jordan (trompeta), Cuturrufo (trompeta), Christian Gálvez (contrabajo), que se yo, Daneman (guitarra), todos han estudiado mucho, han estudiado toda la vida, pero eso no lo ven en el otro lado, los miran en menos”.
“El otro lado”, como película de terror… Es la eterna disputa entre lo docto y lo popular, concepto que huele a añejo, pues hoy en día lo popular no calza con la antigua idea de que es música “más fácil”… los tiempos cambian.
“Es un viejo tema, pero ha cambiado un poco la perspectiva –dice Moncho-, porque antes lo docto estaba integrado por músicos de estudio, y lo popular por músicos que tenían muy poco estudio, pero hoy los músicos populares tienen harto estudio. Ahora hay muchos populares doctos ¿o no? Igual la división entre los que estudian música clásica y los que estudian música popular es enorme, tremenda. Yo soy académico, y me pasé para el otro lado, básicamente porque me vine a Santiago y renuncié a la orquesta. Yo estuve desde el 74, imagínate, era chico, del 74 al 90 en la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción. Trabajando en la música clásica todos los días, pero tenía el trío, ahí tocábamos jazz”
-¿Entonces tú nunca generaste esta división?
No, yo era todo lo contrario, yo era de los que incitaba a los músicos de la orquesta a que tocaran jazz. Hasta con el fagot de la orquesta escribía un solo, pero es mentira, un solo de jazz no se puede escribir.
-Pero a ellos les cuesta salirse de la partitura para improvisar- comento-.
Ese es un problema muy serio, ellos creen que son sabios, y sin duda lo son, pero son ignorantes cuando se aventuran a expresarse en el campo de la música de jazz. Un músico popular, de jazz, es un experto en armonía, tiene mucha más noción de todo lo que está pasando que un tipo que está leyendo una partitura en una sinfonía… él está viendo las notas ¡yo viví eso! Hay tipos a los que no les interesa lo que está pasando con la obra en si, qué acorde está sonando… él toca su parte y se va para la casa, ese es el 99%, hay un 1% que sí se interesa. Entonces cuando a cualquiera de esos músicos tú le hablas de improvisar, creen que es una cosa así como “¡ahh, echémosle pa´ delante, pasémoslo bien!”, y es todo lo contrario, tú puedes tener libertad si conoces la estructura, si conoces las escalas, si conoces todas las posibilidades que hay. Me acuerdo que había una suite de” West Side Story”, o de “Porgy and Bess”, y mis compañeros de la orquesta decían “ah! Vamos a tocar jazz”, pero no, íbamos a tocar una suite ¡que está toda escrita! Y para ellos eso era tocar jazz. Entonces ahí tenemos que volver a la definición, a la esencia de lo que es la música de jazz: Es un juego entre los músicos, entonces podemos jugar con cualquier canción, cumpleaños feliz, a cualquier canción le vamos a robar la estructura, eso es todo, pero un músico que no está acostumbrado, no puede hacerlo de buenas a primeras, tiene que prepararse para eso.
Lo que ellos valoran son otras cosas, tienen todo escrito: los matices. Está todo escrito entonces le dan importancia al fraseo, al sonido.
¿Cómo eran sus sueños cuando más joven?
Nunca tuve un sueño de “Quiero llegar allá”, o “viajar para allá”, yo quería tocar no más, la música me dio las posibilidades de viajar a hartos países. He tocado, he grabado, pero nunca he buscado el camino, ¿cachai?, hasta el día de hoy no estoy ni ahí, me interesa la música no más.
A Moncho Romero lo que le importa es hacer de sus alumnos músicos en todo el sentido de la palabra: que toquemos el piano, que entendamos, que seamos conscientes de lo que suena, es una formación integral. Claro, un largo recorrido, hoy día no más le pregunté en clases: “¿Cuánto tiempo tardo en que le gustara su sonido?”, “40 años- respondió-.”
Tratamos de razonar nuestro camino hacia él:
No funcionó;
Pero en el momento en que nos rendimos,
Ningún obstáculo quedó.
Osho
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30.11.09
Andy Baeza. “Ser bidireccional”
Para hacer una lectura del jazz y otros estilos se debiera partir de la propia experiencia individual, para que no suene a mal calco de una imagen lejana y superpuesta. Entonces, más bien quisiera hacer un recorrido por la historia de un profesor de Projazz, para entender la motivación de hacer jazz. Porque no se puede olvidar de dónde venimos para saber lo que estamos haciendo. Y no siempre es fácil conectar con ese punto de partida, en el que encontramos, alguna vez, el lugar más cómodo para la expresión. En teatro hay una frase que se refiere a que quien encuentra su lugar en el espacio y la postura adecuada de su cuerpo, la voz y la emoción aparecerán correctamente. Creo que este principio corre para cualquier forma de expresión artística, y más cotidianamente en todo ámbito de la comunicación.
En algunos casos, el germen creativo partió en casa, en la edad de la infancia, cuando todos fuimos absorbidos por el juego. Al menos este es el caso de Andy Baeza. quién me compartió, más o menos, como ha experimentado la música.
Al principio quien gatilló hartas cosas fue Frank Zappa, que en ese tiempo tenía una cantidad de discos considerables, y entre esos discos escuché con mis primos una pieza para un cuarteto de percusión que se llama “The black page”, y ese disco tenia una cantidad de información rítmica que siempre fue como un misterio para mí, y empecé a investigar acerca de la gente que tocaba ahí. Me empecé a encontrar con que esa gente se topaba con alguna gente del jazz, con algunas otras de música contemporánea. Todas esas cosas me fueron atrayendo y conectaba perfectamente con lo que yo quería hacer, que era estudiar percusión, pero tocar batería.Respuestas sin pensar:
Un Deseo: Felicidad
Si pudieras elegir otro instrumento: Piano
Lo mejor de enseñar: Compartir
Que no debe ocurrir en el escenario: No permitirse, reprimirse
Un recuerdo musical sublime: Uno muy especial cuando el Perseguidor era el teatro de arte “Cámara Negra”, hicieron un trabajo con la música de Víctor Jara, con Pedro Rodríguez. Ahí recuerdo haber tenido un momento mágico
Asocia el jazz a un sabor: Chocolate, me encanta pero no me lo puedo comer todo
A un color: Rojo Leer más...
17.9.09
Festival de Jazz en Antofagasta
Antofagasta está bendecida por el mar, su gente disfruta hasta la madrugada las olas tibias en “las almejas”, la playa más popular, y donde hasta los perros nadan a la balsa. La ciudad es desordenada, está envuelta de un aire salado, el centro, como todos los centros de las ciudades, es colonial. La plaza además de palomas está reinada de jotes, -pájaro de 70cm. de animalidad, carroñeros y de belleza no tradicional-. Recuerdo el Antofa de 1993 cuando iba a jugar a la “plaza del mono pilucho”, al que vestían los compadecidos con un calzoncillo en la cabeza. El habitual viaje Calama-Antofagasta entre los cuales hay tres horas de sólo desierto, y dos pueblos de dos cuadras cada uno: Cierra Gorda y Baquedano, como puestos por “el de arriba” entre tanta soledad. Y más hacia atrás, el Antofa de 1988, cuando mi madre me llevaba a almorzar cochayuyo a la Universidad Católica del Norte, ahí donde estudiaba también Jorge Vidal, -nortino de nacimiento-, cuando iba para Arquitecto por esos mismos años. Qué curiosas son las historias, ahora él es profesor de Guitarra eléctrica y de taller instrumental en el IP Projazz. En el año 1995 hizo clases por primera vez en esta institución, pero en ese entonces aún no era un Instituto profesional, así que podemos decir, con melancolía, que le ha cambiado los pañales a la escuela, también podemos decir, con orgullo, que la ha visto crecer y sigue siendo profesor con la camiseta bien puesta (en realidad, es él quien lo dice).
El viernes 11 de septiembre recién pasado, Jorge viajó a su Antofagasta para realizar una tarea bien particular; participar en el festival de Jazz que organizó la escuela de música popular del Teatro Municipal de la ciudad. De paso, y ya que además de músico Jorge comparte otra vocación, la de sanador, también fue con el objetivo de capacitar y hacer una serie de vivencias de sicología transpersonal a los profesores de allá. Considerando que la escuela de música en el área popular se está recién iniciando, Projazz actúa como un padrino en el crecimiento de esta institución, “Las edades de las instituciones no son como la de las personas, tiene que pasar mucho tiempo para que maduren”, dice Jorge. La labor de llevar Projazz fuera de Santiago, a lugares donde los circuitos musicales son pequeños pero potentes, es una labor que significa crecimiento y unidad a nivel de país, Jorge plantea generar un circuito de jazz sureño, nortino, y porqué no pasar la frontera al norte de Argentina. Estar vigentes como escuela no solo es saber lo que pasa en Santiago, sino ser colaboradores del fenómeno musical en donde menos están las oportunidades.
“Hay un universo de personas al cual llegar, las condiciones del mercado han cambiado, no nos podemos quedar de brazos cruzados.”, recalca Jorge, y además habla de la importancia de la educación Web, como canal educativo a distancia; llevar la escuela a lugares recónditos es uno de los mayores beneficios del viciado Internet.
Jorge Vidal me habló de su idea, muy bella, de lo que es ser institución, que converge con lo que es su propio ideal de vida, y con su otra visión más holoarquica:
La Institución es un organismo, y como todo organismo tiene una estructura interna que se compone de sujetos, órganos, células, átomos, etc. “En todo orden de cosas hay que ser leal; a un proyecto, a las ideas, a los amigos... Para que el organismo funcione y avance no nos podemos quedar pegados en el mismo lugar, hay que avanzar según el nivel de experticia que uno va adquiriendo, no hacer taco a las generaciones futuras, pues quedarse en el mismo puesto eternamente es una anomalía”, como si un niño no se desarrollara porque rechaza el crecimiento. “Hay que observar hacia donde va de forma orgánica la empresa. Las personas crecen, la empresa crece.” Dice él.
En el año 1984 se entregó a Antofagasta el flamante Teatro Municipal, la institución cultural más importante de la región, tiene la capacidad de 760 butacas distribuidas en planta alta y baja., cuenta con oficinas administrativas, camarines, baños, salas de ensayo, bodegas, salas de clase, y en total cinco pisos al servicio de la cultura.
Por otro lado, la escuela de música se inició en 1986, por iniciativa del profesor Rafael Ramos Vivar, cuando las clases se impartían en salas improvisadas para su normal desarrollo. Luego con el aporte privado y Municipal, permitieron la habilitación total del cuarto piso del teatro para el perfecto funcionamiento de las clases.
Hoy la escuela imparte clases regulares de instrumentos clásicos y populares, junto a un importante soporte teórico. La violoncellista Yasna González adaptó e incorporó las clases de instrumento y canto populares. Hoy la escuela cuenta con un promedio de cien alumnos. Y entre sus profesores hay un ex alumno Projazz, Jaime Cabrera Mavrakis, profesor de bajo eléctrico. Esta escuela seguirá creciendo, y Projazz tiene intenciones de ser un colaborador, por ello se proyectan convenios de estudios, intercambio de profesores y alumnos, similar al convenio de estudios con la Uarts de Filadelfia e infinitas posibilidades de generar intercambio de experiencias, como la que aconteció recientemente en el festival de jazz organizado por ellos, y donde fue a meter guitarra nuestro profesor.
*Por Paula Carmona Leer más...




