*Por Paula Carmona (Estudiante Projazz)
Algunas personas nacen con un regalo en las manos, y no tienen la opción de elegir lo que harán en la vida, pues la vida ya ha elegido por ellos.
Hay quienes bailan antes de aprender a caminar, hay quienes nacen observando las estrellas, hay quienes entienden el mundo desde la física o hay quienes prefieren dibujar o escribir el mundo. Pero también hay una persona que a los tres años ya era músico y a los cinco tocaba en un teatro lleno ¿Qué otra cosa pudo haber sido sino músico? “Nada –dice él mismo- Imposible, no tuve la opción”. En ellos no hay otra opción porque no existe la contradicción entre lo que son y la vida, ahí está el regalo.
En realidad la opción es sólo razonamiento.
“uno por uno es uno,
Ni más, ni menos:
El error comienza con la dualidad;
La unidad no conoce el error.”
OSHO
“El maestro del año”
Yo no tenía idea, mientras entrevistaba a mi profesor, que había sido nombrado maestro del año, “todo sucede por algo” (habrán oído)… pero todo lo que sucede trae consigo una cadena de sincronías por detrás; el pasado el presente y el futuro no son más que una constelación. Quiero decir, Se puede nacer con el talento, pero hay algo con lo cual no se nace, y esto es con el título de Maestro (distinción que ellos mismos no aceptan). Puedes serlo desde muy joven, pero no te puedes saltar el proceso de la experiencia… es como la metamorfosis, el satori o la crisálida: para ser mariposa tienes que haber sido larva.
Él mismo reconoce los cambios que le han sucedido con los años:
“Cuando yo era lolo era intratable, no sé porque pero me cerraba, por timidez tal vez, por inseguridad… En el ramo que yo hago, el Ensamble, la cara con la que entras va a ser calificada (jajaja). Eso es lo más importante, es ahí es donde te vas a encontrar con otros músicos, aprender a cómo ser un músico querido, que todos quieran tocar contigo… es complicado, hay muchos músicos buenos con los que yo no toco nunca, porque son pesados”.
“La juventud es una enfermedad que se cura con los años”, decía George Bernard Shaw. Y aunque estemos de acuerdo con él o no, lo cierto es que sólo cuando las cosas nos suceden en carne propia nos damos cuenta del error y es cuando podemos hablar de ello. Quizá es por esto que luego Pierre Benoit diría “De mis disparates de juventud lo que más pena me da no es haberlas cometido, sino el no poder volver a cometerlas.”
Sin embargo, si hay algo que no sólo se mantiene intacto en Moncho, sino que sigue en proceso de maduración es que la música, para él es una expresión emocional por sobre lo racional (aunque lo segundo, por cierto, lo hace muy bien). De aquí que a mí pregunta ¿Qué importancia le da usted al trabajo del cuerpo y las emociones en su vida?, me dijera:
“Absoluto, 120%. Para mí, la música es emociones. Todo mi enfoque es emocional, por eso siempre tengo una entrevista con mis alumnos, necesito verlos. Tengo que sentirlos.
Los alumnos nuevos generalmente están aún cerrados en si mismos… Yo he acompañado a Claudia Acuña y tú te das cuenta cuando ves a músicos “grandes” cómo se abren, la Claudia es impresionante, ella se encuentra con todo el publico”.
Entonces aquí podríamos destruir la teoría de Albert Einstein, quien dijo en un arrebato occidentalista: “Cuando uno es joven los pensamientos se vuelven amor, con la edad el amor se vuelve pensamientos.”
La mayoría debe saber que Moncho Romero estudió a los clásicos en el Conservatorio de la Universidad de Concepción, pues sí, y estudió piano con una rigurosa profesora que usaba bastón, al mismo tiempo que estudiaba contrabajo. Pero su profesora terminó tirándole el bastón en la cabeza cuando vio que su alumno preferido era un caso perdido que se dirigía irremediablemente a ser un músico de jazz (quizás exagero con lo del bastón en la cabeza). Porque nuestro protagonista, en realidad, no estaba “ni ahí” con las sonatas y estudiaba piano clásico como una estrategia para aprender a “mover bien los dedos”.
Que le vamos a hacer “El que nace chicharra, muere cantando”. Siempre tocó jazz, incluso antes de saber cualquier cosa, y paralelamente, mientras estudiaba en el conservatorio tocaba con su trío en los clubes:
“Yo era muy disciplinado porque tocaba, tocaba día y noche. Empecé a estudiar después, mucho después de tocar. Y ahí me di cuenta: “ah, esta es la escala que yo hago”, porque antes no había ninguna información, no habían libros, no había nada. Y desde que empecé a estudiar siempre hice clases, y eso me ayudó, porque te tienes que ordenar, te das cuenta que hay una secuencia de cosas, “yo quiero que la persona entienda esto, haber ¿Cómo le explico esto?”, te tienes que ordenar, y eso te ayuda a ti también.”
A propósito de disciplina, para Moncho tocar en la Orquesta Sinfónica de Concepción era un trabajo, lo contrataron antes de que terminara de estudiar y se casó ese mismo año. Como a los diez años de tocar en la orquesta se empezó a aburrir. Aquí hago un comentario en el que el profe me tira la oreja: “¿Era un mundo muy solitario, además, o no? -digo yo-, Porque se encierran a estudiar todo el día”
“Espérate –me suena a reproche-, si quieres ser un buen músico de jazz sería ideal que primero seas un músico clásico. Los músicos de jazz buenos que hay en Santiago hoy día: Sebastián Jordan (trompeta), Cuturrufo (trompeta), Christian Gálvez (contrabajo), que se yo, Daneman (guitarra), todos han estudiado mucho, han estudiado toda la vida, pero eso no lo ven en el otro lado, los miran en menos”.
“El otro lado”, como película de terror… Es la eterna disputa entre lo docto y lo popular, concepto que huele a añejo, pues hoy en día lo popular no calza con la antigua idea de que es música “más fácil”… los tiempos cambian.
“Es un viejo tema, pero ha cambiado un poco la perspectiva –dice Moncho-, porque antes lo docto estaba integrado por músicos de estudio, y lo popular por músicos que tenían muy poco estudio, pero hoy los músicos populares tienen harto estudio. Ahora hay muchos populares doctos ¿o no? Igual la división entre los que estudian música clásica y los que estudian música popular es enorme, tremenda. Yo soy académico, y me pasé para el otro lado, básicamente porque me vine a Santiago y renuncié a la orquesta. Yo estuve desde el 74, imagínate, era chico, del 74 al 90 en la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción. Trabajando en la música clásica todos los días, pero tenía el trío, ahí tocábamos jazz”
-¿Entonces tú nunca generaste esta división?
No, yo era todo lo contrario, yo era de los que incitaba a los músicos de la orquesta a que tocaran jazz. Hasta con el fagot de la orquesta escribía un solo, pero es mentira, un solo de jazz no se puede escribir.
-Pero a ellos les cuesta salirse de la partitura para improvisar- comento-.
Ese es un problema muy serio, ellos creen que son sabios, y sin duda lo son, pero son ignorantes cuando se aventuran a expresarse en el campo de la música de jazz. Un músico popular, de jazz, es un experto en armonía, tiene mucha más noción de todo lo que está pasando que un tipo que está leyendo una partitura en una sinfonía… él está viendo las notas ¡yo viví eso! Hay tipos a los que no les interesa lo que está pasando con la obra en si, qué acorde está sonando… él toca su parte y se va para la casa, ese es el 99%, hay un 1% que sí se interesa. Entonces cuando a cualquiera de esos músicos tú le hablas de improvisar, creen que es una cosa así como “¡ahh, echémosle pa´ delante, pasémoslo bien!”, y es todo lo contrario, tú puedes tener libertad si conoces la estructura, si conoces las escalas, si conoces todas las posibilidades que hay. Me acuerdo que había una suite de” West Side Story”, o de “Porgy and Bess”, y mis compañeros de la orquesta decían “ah! Vamos a tocar jazz”, pero no, íbamos a tocar una suite ¡que está toda escrita! Y para ellos eso era tocar jazz. Entonces ahí tenemos que volver a la definición, a la esencia de lo que es la música de jazz: Es un juego entre los músicos, entonces podemos jugar con cualquier canción, cumpleaños feliz, a cualquier canción le vamos a robar la estructura, eso es todo, pero un músico que no está acostumbrado, no puede hacerlo de buenas a primeras, tiene que prepararse para eso.
Lo que ellos valoran son otras cosas, tienen todo escrito: los matices. Está todo escrito entonces le dan importancia al fraseo, al sonido.
¿Cómo eran sus sueños cuando más joven?
Nunca tuve un sueño de “Quiero llegar allá”, o “viajar para allá”, yo quería tocar no más, la música me dio las posibilidades de viajar a hartos países. He tocado, he grabado, pero nunca he buscado el camino, ¿cachai?, hasta el día de hoy no estoy ni ahí, me interesa la música no más.
A Moncho Romero lo que le importa es hacer de sus alumnos músicos en todo el sentido de la palabra: que toquemos el piano, que entendamos, que seamos conscientes de lo que suena, es una formación integral. Claro, un largo recorrido, hoy día no más le pregunté en clases: “¿Cuánto tiempo tardo en que le gustara su sonido?”, “40 años- respondió-.”
Tratamos de razonar nuestro camino hacia él:
No funcionó;
Pero en el momento en que nos rendimos,
Ningún obstáculo quedó.
Osho
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13.4.10
30.11.09
Andy Baeza. “Ser bidireccional”
*Entevista, por Paula Carmona
Para hacer una lectura del jazz y otros estilos se debiera partir de la propia experiencia individual, para que no suene a mal calco de una imagen lejana y superpuesta. Entonces, más bien quisiera hacer un recorrido por la historia de un profesor de Projazz, para entender la motivación de hacer jazz. Porque no se puede olvidar de dónde venimos para saber lo que estamos haciendo. Y no siempre es fácil conectar con ese punto de partida, en el que encontramos, alguna vez, el lugar más cómodo para la expresión. En teatro hay una frase que se refiere a que quien encuentra su lugar en el espacio y la postura adecuada de su cuerpo, la voz y la emoción aparecerán correctamente. Creo que este principio corre para cualquier forma de expresión artística, y más cotidianamente en todo ámbito de la comunicación.
En algunos casos, el germen creativo partió en casa, en la edad de la infancia, cuando todos fuimos absorbidos por el juego. Al menos este es el caso de Andy Baeza. quién me compartió, más o menos, como ha experimentado la música.
Al principio quien gatilló hartas cosas fue Frank Zappa, que en ese tiempo tenía una cantidad de discos considerables, y entre esos discos escuché con mis primos una pieza para un cuarteto de percusión que se llama “The black page”, y ese disco tenia una cantidad de información rítmica que siempre fue como un misterio para mí, y empecé a investigar acerca de la gente que tocaba ahí. Me empecé a encontrar con que esa gente se topaba con alguna gente del jazz, con algunas otras de música contemporánea. Todas esas cosas me fueron atrayendo y conectaba perfectamente con lo que yo quería hacer, que era estudiar percusión, pero tocar batería.
Respuestas sin pensar:
Un Deseo: Felicidad
Una canción: Woman, de Jhon Lennon
Si pudieras elegir otro instrumento: Piano
Lo mejor de enseñar: Compartir
Que no debe ocurrir en el escenario: No permitirse, reprimirse
Un recuerdo musical sublime: Uno muy especial cuando el Perseguidor era el teatro de arte “Cámara Negra”, hicieron un trabajo con la música de Víctor Jara, con Pedro Rodríguez. Ahí recuerdo haber tenido un momento mágico
Asocia el jazz a un sabor: Chocolate, me encanta pero no me lo puedo comer todo
A un color: Rojo Leer más...
Para hacer una lectura del jazz y otros estilos se debiera partir de la propia experiencia individual, para que no suene a mal calco de una imagen lejana y superpuesta. Entonces, más bien quisiera hacer un recorrido por la historia de un profesor de Projazz, para entender la motivación de hacer jazz. Porque no se puede olvidar de dónde venimos para saber lo que estamos haciendo. Y no siempre es fácil conectar con ese punto de partida, en el que encontramos, alguna vez, el lugar más cómodo para la expresión. En teatro hay una frase que se refiere a que quien encuentra su lugar en el espacio y la postura adecuada de su cuerpo, la voz y la emoción aparecerán correctamente. Creo que este principio corre para cualquier forma de expresión artística, y más cotidianamente en todo ámbito de la comunicación.
En algunos casos, el germen creativo partió en casa, en la edad de la infancia, cuando todos fuimos absorbidos por el juego. Al menos este es el caso de Andy Baeza. quién me compartió, más o menos, como ha experimentado la música.
¿Puedes hacer una pequeña biografía musical?
Partí en la casa, con mis primos y mi hermano que eran fanáticos de la música. Yo tenía 6 o 7 años y me metía en la pieza a escuchar música con ellos, Frank Zappa, Jimy Hendrix, harta psicodelia. También veían hartas películas. Aparte de eso había en el barrio una orquesta conocida y en el living de la casa tenían una batería, yo siempre que pasaba la miraba. En el colegio también tuve la suerte de tener un profesor súper pila que me permitió hacer percusión en el tiempo en que el colegio se hacía flauta o guitarra… él me permitió llevar baquetas.
En la media ya sabía que quería seguir con la batería… antes, en la básica quería ser dibujante de Hanna Barbera.
Desde chico tuve la capacidad de conectar con cosas creativas en mi cabeza y eso responde a un montón de cosas posteriores, ya más grande con la misma música.
En el colegio empecé a tomar clases particulares con distinta gente, ahí vino toda una etapa, entre tercero y cuarto medio empezaron a venir hartos músicos conocidos de jazz a los que había que ir; Pat Metheny, Chick Corea, Stanley Clarke, Jean-Luc Ponty.
Saliendo del colegio entré a estudiar a la Universidad Católica Percusión clásica. Desde antes ya venia entrenado en la batería, pero en ese tiempo no existían escuelas de música popular.
¿Sobre tus referentes?
Al principio quien gatilló hartas cosas fue Frank Zappa, que en ese tiempo tenía una cantidad de discos considerables, y entre esos discos escuché con mis primos una pieza para un cuarteto de percusión que se llama “The black page”, y ese disco tenia una cantidad de información rítmica que siempre fue como un misterio para mí, y empecé a investigar acerca de la gente que tocaba ahí. Me empecé a encontrar con que esa gente se topaba con alguna gente del jazz, con algunas otras de música contemporánea. Todas esas cosas me fueron atrayendo y conectaba perfectamente con lo que yo quería hacer, que era estudiar percusión, pero tocar batería.Eso por un lado que tiene harto que ver con las sonoridades, era un rock, al que no le llamaría ni progresivo ni experimental, sino más bien bidireccional. Esa fue una gran influencia desde chico hasta ya grandote.
Entre mis géneros siempre estuvo el rock. Era absolutamente inevitable en esa época no hacerse parte del rock pesado, pero también tenía que ver con que la única oportunidad de tocar batería era unirme a grupos donde se tocara rock pesado, el jazz en esa época era una cuestión súper lejana.
Mi influencia fue toda esta veta del rock bidireccional, como digo yo, no me gusta llamarla progresiva, para mi es música creativa. No me gusta ponerle apellido, si era jazz, rock, no me importa lo que me atraen son las sonoridades. Después de pasar esa primera etapa literal, pasó a ser interesante la parte timbrística, la parte rítmica, siempre me llamó la fuerza de los ritmos, y las posibilidades de timbres, escuchaba como sonaba la batería con un bombo, con cuatro bombos, con diez toms con dos platillos, con veinte platillos, la batería tiene muchos formatos, muchas posibilidades que pertenecen a tu propia personalidad.
¿Quiénes fueron tus influencias en la batería?
Probablemente los dos bateristas que más me influenciaron cuando chico fue Willie Valenzuela de Fulano y Tilo González, Alejandro Espinosa también me gustaba harto.
Y ¿Cuándo empezaste a tocar jazz?
En el colegio tuve mis primeros coqueteos con el jazz. Empecé a practicarlo de frentón ya grande. Cuando mis amigos rockeros ya no me pescaban porque me estaba gustando el jazz, me molestaban, me decían cosas como “el jazz es el único estilo donde tú te equivocas y te aplauden”.
Desde ahora mirando hacia atrás ¿cómo se vivía el jazz en el tiempo en que estudiabas?
Se vivía pero por todas las características de la época (toques de queda y todo eso) se vivía a un nivel mucho más pequeño que la apertura que hay ahora. Pero también me acuerdo que en la época del colegio ir constantemente al Goethe, al Chileno Norteamericano.Lo que no había en ese tiempo era algo más masivo.
Yo creo que sí. La gente lo llevó para el lado intelectual. Yo creo que en el jazz o en cualquier rama lo intelectual va por dentro. He conocido gente que aparentemente no es intelectual y que finalmente son más intelectuales que cualquier otro que se ponga barba larga, o lentes onderos… De mala forma se intelectualizó un poco. Yo en lo personal no he pescado mucho. Se forman grupos de personas inevitablemente, pero eso ha pasado toda la vida en todas partes, y va a seguir pasando, son tendencias, se tienen que formar igual, pero ya no lo veo como algo intelectual, al principio había ganas de ser intelectual, era algo cool tocar jazz, es horrible esa postura. Es cuento de uno hacer música para expresar lo que quieres expresar, el musicólogo es la persona adecuada para intelectualizar, no los músicos. Como vas a ser tú, si piensas tanto las cosas.
¿Hasta qué punto eres fiel a tus ideales en tu oficio de ser músico?
Siempre 110%. Mis ideales son hacer buena música, bajo los criterios que yo me he planteado hasta ahora: honestidad, innovación. Hacer cosas que realmente siento que tengo que hacer, sin cuestionamiento económico, intelectual o ideológico, lo ligo a esas tres cosas pero cuando finalmente decido lo que me gusta, y quiero expresar a través de ese canal, que no tengo idea probablemente de cómo se hace, pero lo quiero hacer. Otros ideales serían mejorar el nivel de nuestro país, y el nivel que tengo. Está relacionado directamente con la enseñanza, no solo a nivel técnico, sino conceptual se podría decir; Más allá de tocar notas, o sea de actitud, de profesionalismo. El término de elevar el nivel es algo que se tiene que hablar a puertas abiertas, y hay que ser asertivo en lo que entregas, y yo soy súper quisquilloso con eso, con mis alumnos yo trato de ir más allá de los ejercicios de la pagina treinta, les hablo de las experiencias, es como un guía o un hermano mayor. Ese es un ideal, es algo que tengo súper presente. Poder dejar bien parado el nombre del músico, Probablemente porque uno siempre se encuentra con que te preguntan ¿Qué profesión tienes? Músico ¿ah, pero que a que te dedicas? Eso es típico, y yo no quiero escuchar más eso. Por eso a veces se discuten un montón de temas como los lugares donde tocar, las leyes que hay, que se rigen para los artistas. Hay que poner atención con eso, y a veces nos pasa la cuenta.
¿Qué podrías decir acerca del público de jazz?
En mi experiencia, tengo la suerte que he visto buena recepción. Lo que digo, que esta multidireccionalidad me ha llevado a hacer cosas muy distintas, cosas extremas: música improvisada con el Ramiro Molina, sin tener ningún precedente de forma, melodía, armonía ni ritmo, hasta tocar cosas dentro del jazz, que está mucho más cercana a la gente como lo que hacemos con el Ángel Parra trío, o con Valentín Trujillo, que va pintando en lo bailable, y para la gente. Entonces el abanico de subgéneros dentro del género del jazz que yo me he propuesto abarcar ha sido súper enriquecedor, y los públicos que he visto en cada uno de esos subgéneros nos han dado buena recepción, porque ha sido el público indicado. En el fondo cuando hay mala recepción del público es porque no ha sido el público indicado. Y no estoy diciendo que sea tonto, o cerrado, sino que no ha tenido, o no se ha dejado tener la experiencia de conectar con esa música. Creo que a una persona que no le gusta en lo más mínimo el jazz, la tomas le pagas un pasaje, la llevas a un ambiente indicado, al lugar indicado, con el grupo indicado, esa persona va a conectar con esa música porque va dejar abrir ciertos canales. A mí me pasó con la música afrocubana, no sé si me atraía mucho. Hasta que vi algo y dije “oh oh!”. También David Ortega, un baterista y percusionista cubano me ayudó a cautivarme más.
Eso con los públicos, yo creo que el público es un poquito flojo, si no le gustan algunas cosas del jazz porque escuchan la retaguardia, y creen que eso es jazz, o al revés, escuchan grupos muy modernos y piensan que eso es jazz, y clasifican todos los géneros que hay dentro del jazz como uno solo, y eso es un error. Hay muchos estilos. Entonces para mí, el público que va a escuchar jazz es público que se ha dado más el tiempo para conocer el estilo, o los estilos
¿Qué quisieras entregar tú con la música?
Felicidad, que la gente lo pase bien. Si un niño me ve tocar batería, ojalá le den ganas de tocar batería, no me interesa mucho más. Bajo las estéticas que sean no me interesa mucho más.
No eres prejuicioso con los estilos, me he dado cuenta.
No me creo el jazzista cool, no estoy ni ahí con eso. Me gusta mucha música.
…Sin embargo el jazz es tu primer hogar…
Sí, porque musicalmente, es lo que única y exclusivamente a mi me interesa, va por ahí lo que a mí más me cautiva. Porque veo el nivel técnico, el nivel interpretativo, porque me gusta y eso hace que vuelva y compre el disco, viaje 20.000 kilómetros a ver tal artista… es la pasión por esos sonidos. Pero hay otras cosas dentro de otros estilos, que me hacen sentir lo mismo: el R&B, el funk, el buen rock, la música Indie, Radiohead. Los fui a ver, y el concepto Radiohead lo disfruté igual que los conciertos de jazz en New York. Hoy ya no tengo esa barrera. Y por suerte lo pude definir como músico para poder prestar servicio para quien me llame, si alguien quiere que toque pop, toco pop.
Tiene que ver con sacarse de encima el rol, no jugar a ser el ídolo, sino actuar como “por la chucha” uno es. Que no tiene nada que ver con como es uno como músico.
Yo también tengo mi vida y mi mundo, por eso no me aproblema tocar con uno o con otro. No me preocupa si alguien es virtuoso o no, alguien me puede impresionar con la técnica, y he tenido la suerte de ver a personas impresionantes afuera, por lo tanto si alguien busca eso acá, considero que es un proceso que se está viviendo hasta que llegue un momento, más adelante, donde eso ya va a ser normal, se va a estandarizar y se van a buscar otras cosas, y ahí va a ser cuando se haga un aporte con respecto al nivel musical en Chile. Hay muy buenos músicos acá, entonces se da esta cosa de los grupitos, y los top ten y todo eso. Pero lo encuentro un poco avasallador, un poco agresivo, porque en el fondo cada músico si es capo o no es capo, es un tema secundario al lado de si lo que te está expresando te llega. Cuando una persona conecta, eso es lo que tiene que ser y ya. A mi me encanta el tecnicismo, soy súper rayado con ser pulcro con la técnica, pero eso es como mantenerte en forma nada más.
Me pasa con el Javier Barría. Con todo lo que me gusta el jazz, si me preguntas que artista chileno yo admiro como músico, es Javier Barría, que es un cantautor chileno que no lo conoce nadie, y que debiera ser tanto o más conocido que Spinetta. Yo tengo la suerte de acompañarlo a él, y digo la suerte porque realmente cuando toco sus temas es realmente un placer, y el no tiene ni la mitad de la técnica que tiene el 80% de los guitarristas de jazz. Yo todavía no siento con un solo de algún guitarrista o saxofonista lo que Javier me transmite con lo que canta. Ahora hay personas que me impresionan, tiene que ver con lo que uno anda buscando, si quieres dejarte impresionar o emocionar. Cuando un artista logra hacer las dos cosas, estás a las puertas de ponerte a llorar. Por que es algo que no ocurre siempre.
Hoy por hoy lo único que me preocupa es que directa o indirectamente cuando uno toca debiera reflejar su tiempo, no me preocupa el hecho de sonar moderno o no, porque me he dado cuenta de que cuando uno más quiere sonar moderno, menos moderno suenas. Es como una ley, eso de que mientras más te quieres acercar a algo, más te alejas.
¿Hay algo característico en el jazz chileno, alguna sonoridad propia?
Lo hubo en los años 60, pero se disgregó. Hasta el día de hoy, depende con quien tú hables, depende de lo que analices, vas a definir lo que es el jazz chileno. Yo lo he hablado con gente súper interesante, como Ángel Parra o Valentín Trujillo, y la percepción que tienen es súper distinta pero siempre vas a llegar a lo mismo, independiente de que el género sea de acá o no, el hecho de que yo más rato tenga que ir a tocar jazz, eso va a ser jazz chileno, jamás va a sonar a jazz norteamericano, tendría que hacer un cambio de piel. Desde el aire, la comida, la gente, está en el ADN.
En ese sentido creo que es más importante definir en términos claros, territorialmente, cualquier cosa que se haga en este país, es chileno.
Creo que el jazz chileno es más inocente. Me gustaría que hubiese más diversión, que los que tocamos esta música quisiéramos transmitir eso, pasarlo bien, no ser tan tonto grave, no tan afectado. A veces lo veo agresivo, eso se transmite. He visto cosas súper alegres afuera, que no me parecen agresivas y son mucho más potentes energéticamente.
¿Como te definirías en el trabajo?
Entregado, obsesivo, apasionado. Creo que la palabra apasionado define todo. Me la vivo de día y de noche, despierto y dormido
Respuestas sin pensar:
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Que no debe ocurrir en el escenario: No permitirse, reprimirse
Un recuerdo musical sublime: Uno muy especial cuando el Perseguidor era el teatro de arte “Cámara Negra”, hicieron un trabajo con la música de Víctor Jara, con Pedro Rodríguez. Ahí recuerdo haber tenido un momento mágico
Asocia el jazz a un sabor: Chocolate, me encanta pero no me lo puedo comer todo
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28.7.09
Entrevista a Carl Hammond
Recordamos en este post la entrevista realizada a principios del año al académico Carl Hammond, Doctorado en Composición Musical Universidad de Sydney, Australia y BM y Master en Teoría y Composición Musical (USA) que desde marzo, integra el cuerpo docente de Instituto Profesional Projazz.
¿Cómo y cuándo comenzó tu interés por la música?
Mi interés por la música comenzó en la escuela, cuando tenía once años. Yo y compañeros de mi edad tuvimos mucha suerte, porque en esa época la mayoría de las escuelas públicas de los Estados Unidos tenían un programa de música que estaba disponible para todos.
¿Cómo ha sido tu experiencia trabajando con orquestas en diferentes lugares del mundo?
Mi vida ha sido interesante en ese sentido, porque he tenido la oportunidad de viajar y conocer muchos lugares, he compartido con muchos músicos alrededor del mundo. Me siento bendecido porque la música me ha dado mucha diversión y retribuciones.
En tu experiencia ¿Cuál es la diferencia entre tocar, componer y dirigir?
Para mi es muy gratificante hacer las tres cosas. Mis experiencias en cada actividad han mejorado mis habilidades en las otras, se complementan muy bien y me hacen un músico más completo.
¿Cómo y por qué llegaste a Chile?
Había visitado el país dos veces y pensé que sería una buena idea venir a vivir acá. Es muy distinto a Estados Unidos, la gente es muy amable y acogedora.
¿Cómo llegaste a Projazz?
Durante una de mis visitas conocí a George Abufhele y surgió la posibilidad de trabajar en Projazz, me interesó y ahora estoy haciendo clases en la escuela, empezaré pronto a dirigir el coro y además estoy de co-director de la Big Band junto a Gerhard Mornhinweg. Me gusta la escuela, los estudiantes y todo lo que he vivido estando aquí.
¿Qué piensas del nivel musical chileno? ¿Qué aporte harías?
Todavía no he tenido la oportunidad de escuchar a muchos músicos acá, pero he oído que tienen un nivel muy alto. La Big Band de Projazz tiene, sin duda, un potencial igual o mayor que la mayoría de las Big Band de las universidades en Estados Unidos. Me siento muy feliz y orgulloso del trabajo que ellos están haciendo.
¿Cuáles son tus proyectos para este año?
Primero que nada como profesor me interesa ayudar a todos mis estudiantes tanto cuanto sea posible, también me gustaría establecerme como músico y director aquí en Santiago, y además tengo una variedad de proyectos de composición que quisiera completar.
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